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Este mes en la Revista : MATTHEW MCCONAUGHEY
MATTHEW MCCONAUGHEY

"El fútbol es lo mejor que se ha inventado"

Han pasado veinticinco años desde el debut de Matthew McConaughey en Movida del 76, la célebre fábula de la generación X. Si echamos un vistazo a todas las comedias románticas, a la McConaissance y al muy merecido Óscar por Dallas Buyers Club, veremos que, a sus 47 años, el texano rara vez ha hecho incursiones en el lado oscuro. Aunque al parecer es algo que realmente disfruta. «Ser malo es lo mejor —nos dice—. Es lo que hay. No debería ser así, pero poder hacer cosas malas y que no haya repercusiones... Me gusta.» En su nueva película, The Gentlemen: Los señores de la mafia, el intérprete de Interstellar intenta vender su imperio de la droga a un puñado de multimillonarios solo para descubrir que el reclamo de sus acciones se libra en mitad de una guerra con armas de fuego donde entre los artículos disponibles se encuentra su propia vida. Como en cualquier película de Guy Ritchie (Snatch. Cerdos y diamantes), hay mucho oficio en la violencia, y el mundo de los gánsteres de Londres aparece representado con garbo en el contexto de una gran producción, un guion plagado de humor y un casting perfecto que incluye a Hugh Grant, Charlie Hunnam y Colin Farrell. Tan encantador como siempre, el torturado Rust Cohle de True Detective se quita el sombrero y nos recibe con una sonrisa en la boca. Alright, alright, alright…  

 

¿Cómo ha acabado un texano rubio como tú en los bajos fondos británicos del universo Guy Ritchie?

Guy me envió una versión reducida del guion y mientras leía las partes del personaje que quería que interpretara en la película, no dejaba de pensar en que si alguna vez trabajaba con él, tenía que ser en un filme como este, uno que no fuera muy diferente a Snatch. Cerdos y diamantes, Lock & Stock o RocknRolla. Uno 100% Ritchie. Cuando lo llamé, empecé a hacerle preguntas sobre el guion, el personaje y la película, y él se mostró bastante tranquilo en todo momento y dijo que estaría encantado de escuchar cualquier sugerencia que yo quisiera hacerle, si es que tenía alguna. Yo simplemente estaba feliz de poder llegar al set y meterme en el papel.

 

¿Te resultó complicado adaptarte a su particular mundo y forma de filmar?

Nunca antes había trabajado con un director como Guy Ritchie. Es alguien que consigue sacar lo mejor de cada uno. Y no lo digo por decir. Es un filme con mucho diálogo y, como suele ser habitual, lees el guion que te envían, hablas con el director, comentas algunas cosas y luego te vas y empiezas a trabajar en tus frases y a aprendértelas. Luego, después de todo ese tiempo en el que estás tú solo, aprendiendo, practicando, intentando que suene lo más auténtico posible y buscando la imagen exacta que necesitas para la película, en cuanto a la postura del personaje, su acento, su comportamiento, todas esas cosas, vuelves a reunirte con el director para hacer una primera lectura con él, empiezas a leerlo en voz alta y te dice… «Tío, menuda mierda» (risas). Y te ríes porque crees que, o está de broma, o está utilizando la palabra «mierda» como un cumplido o como algo distinto a lo que realmente quiere decir.

 

Suena a que la improvisación tiene mucho peso en los rodajes de Guy.

¡Exacto! A menudo viene y te dice que hay que cambiar una frase o la forma de decirla, y suelta: «.Quién ha escrito eso? .Quién escribiría algo así». Y le contestas: «Tío .Lo has escrito tú!» (risas). Y entonces, como te decía antes, hace exactamente eso y se pone a reescribir toda la escena, los diálogos... Y la verdad es que cuando pasa es bastante desquiciante. Sin embargo, como te digo, lo revisa todo a fondo con un bolígrafo rojo y hay partes que corrige; otras las cambia por completo. Mientras tanto, tú te quedas esperando unos minutos hasta que vuelve con las modificaciones. Te sientas ahí y lo asimilas todo y entonces, normalmente, te das cuenta de que ha hecho cambios para mejor. Tienes que estar preparado para que las cosas se alteren, y yo diría que eso es algo que realmente te mantiene alerta.

 

No has interpretado a demasiados villanos. ¿Es cierto eso de que los malos siempre son los más divertidos de interpretar?

La complejidad y la ambigüedad morales siempre resultan interesantes... Lo hacen todo más emocionante. Manejas e interpretas a los individuos, los liberas de su subterfugio interno, de su propia pretensión. ¿Convierte esto en malos a estos personajes? Es una pregunta difícil. Desde luego, a ojos del mundo, son malvados, pero ¿es realmente perverso exponer las hipocresías de la humanidad? Despojarlos y dejar al descubierto sus contradicciones, sus mentiras. Las falacias que nos contamos a nosotros mismos para aliviar la culpa. Eso era lo que me alimentaba. Lo que impulsó este viaje. El hecho de interpretar a personajes más oscuros abre todo un abanico de oportunidades que antes no sabía que existían: los malos no atienden a limitaciones; para ellos lo correcto es lo incorrecto. Y, como alguien que cree moralmente en hacer siempre lo correcto —y esto es lo que enseño a mis hijos—, es divertido tomarse unas vacaciones del código moral y ver qué pasa. Dejar a un lado los modales y la moral.

 

La intensidad con la que abordas el cine estos días está muy lejos de los días de Movida del 76, que hace un par de años celebró su 25º aniversario. Has dicho que tuviste suerte de conseguir ese papel, ese golpe de suerte...

La suerte dictamina que te escojan entre la multitud, entrar una película. ¡Bum! Eso es tener suerte. Pero luego hay un trabajo específico que ejecutar y necesitas cumplir con los requisitos, necesitas ser capaz de hacerlo. Que te elijan para hacer ese trabajo cuando hay miles de personas que pueden hacer lo mismo, ahí está la suerte. Y estoy seguro de que los momentos en los que he tenido suerte me han llevado a donde estoy ahora. Movida del 76, Tiempo de matar… todo eso pasó muy pronto para mí. En un minuto pasé de «.quién es ese tipo de la calle?» a «mira, es ese tipo». Pero la suerte no te sostiene en este mundo. La suerte no te consigue un papel todas las veces. La suerte te lanza un hueso, pero luego eres tú el que tiene que demostrar que vales. Esa es la rueda que gira, esa es la ciencia. Tienes que construir sobre lo que tuviste la fortuna de llegar a conocer, a encontrar. Ahora, ponte con ello y construye encima.

 

El «Alright, alright, alright» lleva persiguiéndote desde siempre.

Es halagador, es un cumplido. En este negocio, si consigues este tipo de reconocimiento inmediato es que has hecho un buen trabajo. Ten en cuenta que son las tres primeras palabras que dije en una película… ¡y a la gente ya le resultó memorable! Funciona como un tierno y nostálgico recordatorio de lo lejos que has llegado, cuando pensabas que ese papel, el de David Wooderson en Movida del 76, estaba destinado a ser solo un trabajillo de verano. Y me gusta. Hace reír a la gente. Me hace reír a mí. «Alright alright alright., tiene un poder especial. Si me levanto para dar un discurso delante de gente y noto que todos esos ojos mirándome me ponen nervioso, lo recupero, .alright, alright, alright.. Calienta el ambiente enseguida (risas).

 

Por ejemplo, cuando subiste a recoger tu Óscar.

¿Puedes creerte que no podría asegurarte si lo dije o no? Esos cuatro o cinco minutos son para mí una especie de mancha borrosa en mi consciencia.

 

¿Cómo cambió tu carrera tras haber ganado una estatuilla?

Creo que el Óscar me dio la oportunidad de tomar muchas más decisiones personales a la hora de trabajar, y estoy muy agradecido por ello. Me ha permitido involucrarme en proyectos que quiero ver. Pero también me asusta.

 

Tengo entendido que te gusta el fútbol y que durante el rodaje de The Gentlemen: Los señores de la mafi a en Inglaterra aprovechaste para asistir a un partido de la Premier League inglesa en el campo de Chelsea.

Sí, ¿cómo sabes todo eso, tío? (risas). Fui al partido contra el Lille y parece ser que traje algo de suerte al Chelsea, pues ganaron. Disfruté mucho del juego y me gustó ver un partido inglés. ¿Sabes qué? Hace no mucho me ofrecieron ser el dueño de mi equipo local de la liga de fútbol de Estados Unidos y Canadá, que es el Austin FC, y metí algo de dinero, así que ahora soy inversor de un equipo de fútbol. Y lo cierto es que por el momento les va bastante bien. Esté donde esté, en cualquier parte del mundo, me gusta ver el fútbol. Creo que es lo mejor que se ha inventado. Fueron mis tres hijos los que me convencieron para que volviera al juego. La cuestión es que, da igual dónde vayas, siempre hay un partido de fútbol jugándose, y solo con eso te das cuenta de la inmensa popularidad de este deporte.

 

The Gentlemen: Los señores de la mafia, de Guy Ritchie, con
Matthew McConaughey, Charlie Hunnam, Henry Golding, Michelle
Dockery, Jeremy Strong, Colin Farrell, Hugh Grant.

ESTRENO EL 28 DE FEBRERO

© Vértice Cine